Evangelio según San Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte. No se enciende una vela para meterla debajo de una olla, sino para ponerla en un candelero, a fin de que alumbre a todos los de la casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a tu Padre, que está en los cielos”.
Influencer de verdad: Ser sal y luz sin vergüenza
Estamos en la era de los influencers, personas que impactan a millones con sus opiniones, estilos de vida y decisiones. Pero mucho antes de las redes sociales, Jesús nos llamó a ser influencers de verdad: sal que da sabor y luz que ilumina. No se trata de tener seguidores sino de transformar positivamente el ambiente donde estamos. Muchos católicos esconden su fe, la viven en privado sin que nadie se entere. Pero Jesús es claro: no podemos ser cristianos de closet. Nuestra fe debe brillar, influir, transformar. Sin arrogancia, pero sin vergüenza.
Oración: Señor Jesús, que nos llamas a ser sal y luz en medio del mundo, danos el valor de vivir nuestra fe con alegría y sin complejos. Líbranos del miedo al qué dirán y del deseo de pasar desapercibidos. Que tu Espíritu Santo encienda en nosotros el fuego de tu amor para que podamos contagiarlo a quienes nos rodean. Ayúdanos a ser testigos valientes de tu Evangelio. Amén.
1. Dar sabor donde estás
La sal no existe para sí misma sino para dar sabor a lo que toca. Un cristiano que solo vive su fe en la iglesia pero no transforma su familia, su trabajo, su círculo de amigos, es como sal que perdió su sabor. Jesús nos llama a hacer la diferencia donde estamos.
Ser sal significa aportar valores en ambientes que los necesitan: honestidad en entornos de corrupción, respeto en culturas de burla, esperanza en contextos de pesimismo. No se trata de ser moralistas que juzgan a todos, sino de llevar algo mejor con tu presencia.
Como el profeta Daniel que vivió su fe en medio de una corte pagana sin contaminarse pero sin aislarse (Daniel 1, 8-20), nosotros estamos llamados a estar presentes en el mundo real, no en una burbuja religiosa. Tu forma de hablar, de trabajar, de relacionarte, debe dejar un buen sabor. Eso es influir de verdad: que tu presencia eleve el nivel de humanidad del lugar donde estás.
2. Brillar sin esconderte
“No se enciende una vela para meterla debajo de una olla”. Sin embargo, muchos católicos viven exactamente así: con su luz escondida por miedo a ser criticados, señalados o considerados raros. Jesús es contundente: eso no tiene sentido.
No se trata de ser exhibicionistas de la fe o de andar predicando todo el tiempo. Se trata de vivir con naturalidad y sin vergüenza tu identidad cristiana. Mencionar que vas a misa, hablar con normalidad de lo que Dios significa para ti, defender valores cuando son atacados, orar antes de comer incluso en público.
El mundo está en oscuridad moral y existencial. Necesita desesperadamente luz. Si los cristianos no brillamos, ¿quién lo hará? Tu luz no es para ti, es para los demás. Cuando brillas, no estás llamando la atención sobre ti sino sobre Cristo que vive en ti. Como dice Jesús, el objetivo es que “den gloria a tu Padre”. Tu vida coherente y alegre debe hacer que otros quieran conocer a Dios.
3. Influir con obras, no solo con palabras
Jesús es específico: “Viendo las buenas obras que ustedes hacen”. El verdadero influencer cristiano no es el que más habla de fe sino el que más la vive. Las redes sociales están llenas de frases bonitas y citas bíblicas, pero el mundo necesita testigos que actúen.
Las buenas obras son concretas: ayudar al necesitado, perdonar genuinamente, ser fiel en lo pequeño, servir sin esperar reconocimiento, trabajar con excelencia, construir puentes en lugar de muros. Esas acciones hablan más fuerte que mil sermones.
Como Moisés que bajó del monte con el rostro resplandeciente después de estar con Dios (Éxodo 34, 29-35), quien vive cerca del Señor refleja naturalmente su luz. No puedes dar lo que no tienes. Tu influencia será tan auténtica como auténtica sea tu relación con Cristo. Alimenta tu vida interior para que tus obras exteriores broten de un corazón transformado, no de puro esfuerzo humano.
Idea de compromiso personal
Identifica un ambiente donde pasas tiempo regularmente y pregúntate: ¿Cómo puedo ser sal y luz ahí esta semana? Realiza una acción concreta que refleje tu fe sin ocultarla: un gesto de servicio, una palabra de ánimo, defender un valor o simplemente vivir con alegría contagiosa.
Oración final
Padre santo, gracias por confiarnos la misión de ser sal y luz en medio del mundo. Te pedimos perdón por las veces que hemos escondido nuestra fe por miedo o vergüenza. Espíritu Santo, enciende en nosotros el fuego de tu amor para que podamos contagiarlo sin complejos. Danos creatividad para influir positivamente en nuestros ambientes, sabiduría para hacerlo con respeto y sin arrogancia, y valentía para no callar cuando debemos hablar. María, Madre nuestra, que llevaste a Cristo en tu seno y lo mostraste al mundo con humildad y alegría, enséñanos a ser portadores de tu Hijo. Que nuestra vida brille de tal manera que muchos descubran en nosotros el reflejo de Cristo, y al vernos den gloria a Dios. Que seamos influencers auténticos de tu Reino, transformando con amor cada espacio donde nos colocas. Amén.










