Newsletter Más Esperanza
Más Esperanza - Podcast
Evangelio del domingo 22 de marzo de 2026
0:00
-8:47

Evangelio del domingo 22 de marzo de 2026

V Domingo de Cuaresma

Evangelio según san Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33b-45

En aquel tiempo, Marta y María, las dos hermanas de Lázaro, le mandaron decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”. Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a Judea”.

Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”.

Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

Jesús se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?”

Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra.

Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de allí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”.

Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Evangelio según San Juan, 11 - A ressurreição de Lázaro: Jesus vence a  morte - Biblia Latinoamericana - Bíblia Católica Online

Mi respuesta ante el duelo: Fe cuando todo parece perdido

Todos enfrentamos momentos donde parece que llegamos tarde, donde la esperanza se entierra bajo la piedra de lo irreversible. Hoy descubrimos que Cristo tiene poder incluso sobre lo que consideramos definitivamente perdido.

Oración: Señor Jesús, resurrección y vida, te entregamos hoy nuestras pérdidas, dolores y situaciones sin salida aparente. Fortalece nuestra fe cuando todo parece oscuro. Ayúdanos a confiar en que tu poder puede transformar hasta lo que nosotros damos por muerto. Amén.

1. Confiar cuando la respuesta tarda

Marta y María enviaron el mensaje urgente: “El amigo a quien tanto quieres está enfermo”. Esperaban que Jesús corriera inmediatamente, pero él se quedó dos días más. Cuántas veces sentimos que Dios tarda en responder nuestras súplicas. Pedimos con urgencia y parece que no escucha.

La tardanza de Dios no es indiferencia. Jesús amaba profundamente a Lázaro y sus hermanas, precisamente por eso permite que la situación llegue al límite. A veces necesitamos tocar fondo para descubrir que su poder va más allá de lo que podemos imaginar. Cuando nosotros hubiéramos sanado, él quiere resucitar.

Esta espera dolorosa nos confronta con una pregunta fundamental: ¿confiamos en los tiempos de Dios o solo en nuestros planes? Marta expresa su frustración honestamente: “Si hubieras estado aquí...”. Pero inmediatamente añade: “Aun ahora estoy segura”. Esa es la fe madura que sostiene incluso cuando no comprende.

2. Enfrentar tus sepulcros sellados

El profeta Ezequiel proclamó: “Yo mismo abriré sus sepulcros y los haré salir de ellos” (Ez 37, 12). Cristo cumple esta promesa de manera concreta. Todos tenemos sepulcros en nuestra vida: relaciones rotas que creemos irrecuperables, sueños que enterramos hace años, aspectos de nosotros mismos que damos por muertos.

Jesús ordena: “Quiten la losa”. Nos invita a quitar las piedras que sellan nuestros sepulcros, aunque como Marta pensemos que “ya huele mal”. Requiere valentía enfrentar lo que consideramos perdido, remover las capas de resignación, desilusión o amargura que hemos acumulado.

Lázaro estaba completamente muerto según todo criterio humano. Así son nuestros sepulcros: situaciones donde humanamente ya no hay nada que hacer. Pero Cristo especializa en resucitar lo imposible.

3. Desatar lo que ha resucitado

Lázaro sale del sepulcro, pero todavía atado con vendas. Jesús dice: “Desátenlo, para que pueda andar”. La resurrección es obra de Cristo, pero necesitamos participar quitando las ataduras que impiden la vida plena. No basta con que Dios nos devuelva algo a la vida si nosotros lo mantenemos atado.

Esta tarea de “desatar” implica comunidad. No podemos hacerlo solos. Necesitamos a otros que nos ayuden a quitarnos las vendas del pasado, los miedos, las heridas que nos impiden caminar libremente. La resurrección que Cristo ofrece no es individualista, sino comunitaria.

Cuando algo resucita en nuestra vida, debemos estar dispuestos a vivirlo de forma nueva. Lázaro no volvió a su vida anterior idéntica; experimentó la muerte y la resurrección. Así nosotros: lo que Cristo resucita en nosotros debe vivirse con mentalidad nueva, liberado de las ataduras antiguas.

Idea de compromiso personal

Identifica un “sepulcro” en tu vida: una relación, un sueño, un aspecto personal que has dado por perdido. Llévalo a la oración esta semana pidiendo a Cristo que lo toque. Da un paso concreto para “quitar la piedra”: busca reconciliación, retoma ese proyecto o pide ayuda para liberarte de alguna atadura.

Oración final

Señor Jesús, tú que lloraste ante la tumba de tu amigo, conoces nuestras pérdidas y dolores. Gracias porque nada está definitivamente perdido para ti. María, consuelo de los afligidos, acompaña nuestra esperanza. Espíritu Santo, desata nuestras vendas para que caminemos en vida nueva. Amén.

Discusión sobre este episodio

Avatar de User

Por supuesto, sigue adelante.