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Evangelio del domingo 15 de febrero de 2026
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Evangelio del domingo 15 de febrero de 2026

VI Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 5, 20-22. 27-28. 33-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si la justicia de ustedes no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán en el Reino de los cielos.

Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje contra su hermano, será llevado también ante el tribunal.

Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malas intenciones a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

También han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y cumplirás al Señor lo que hayas jurado. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera. Digan ‘sí’ cuando es sí, y ‘no’ cuando es no. Lo que se aparte de esto, viene del maligno”.

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Coherencia: Cuando lo de adentro y lo de afuera coinciden

Cristo nos invita hoy a una transformación profunda donde nuestras acciones externas reflejen fielmente lo que habita en nuestro corazón. La coherencia cristiana no se trata de cumplir fríamente una lista de normas, sino de permitir que el amor de Dios transforme nuestra interioridad hasta que se manifieste naturalmente en nuestras palabras, pensamientos y decisiones. Es vivir desde adentro hacia afuera, donde nuestra fe no sea una máscara social sino la expresión auténtica de una vida renovada por la gracia.

Oración: Señor Jesús, abre nuestro corazón para recibir tu Palabra con humildad. Ayúdanos a escucharte no solo con los oídos sino con el alma entera. Que tu Espíritu ilumine las zonas oscuras de nuestra vida donde todavía hay incoherencia, y danos la valentía para permitir que tu amor transforme no solo nuestras acciones, sino también nuestros pensamientos, emociones y deseos más profundos. Amén.

1. La justicia que nace del corazón transformado

Cristo nos sacude con una exigencia radical: no basta cumplir externamente los mandamientos si nuestro interior permanece sin transformar. Los escribas y fariseos eran impecables en la observancia exterior, pero sus corazones estaban lejos de Dios. Jesús nos llama a una justicia superior, que brota de un corazón renovado por su gracia.

Esta transformación interior comienza cuando reconocemos que no podemos cambiar por nuestras propias fuerzas. Necesitamos permitir que el Espíritu Santo trabaje en las profundidades de nuestro ser, sanando heridas, purificando motivaciones y renovando deseos. No se trata de esforzarnos más, sino de rendirnos más a la acción de Dios.

Muchos vivimos divididos: buenos cristianos los domingos, pero personas diferentes el resto de la semana. Cristo nos invita a la unidad interior, donde lo que profesamos con los labios en la Misa se viva coherentemente en la oficina, en casa, en nuestras conversaciones privadas y en nuestras decisiones cotidianas.

2. Las raíces ocultas del pecado

Jesús va más allá de las acciones y nos muestra que el pecado comienza mucho antes, en los pensamientos y deseos del corazón. La ira, la lujuria y la mentira no nacen de la nada; son frutos de un interior que necesita ser sanado y transformado. Esta mirada penetrante del Señor no busca condenarnos, sino liberarnos.

El profeta Ezequiel ya anunciaba esta transformación: “Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo; arrancaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne” (Ez 36, 26). Dios no solo nos pide cambiar, sino que nos ofrece la gracia para hacerlo posible.

Reconocer nuestros pensamientos negativos, nuestras fantasías destructivas o nuestras pequeñas mentiras cotidianas es el primer paso hacia la libertad. No debemos tener miedo de mirar esas áreas oscuras de nuestra vida, porque Cristo ya las conoce y desea sanarlas. La confesión frecuente y la oración sincera son herramientas poderosas para esta transformación interior.

3. La transparencia como estilo de vida

“Que su ‘sí’ sea ‘sí’ y su ‘no’ sea ‘no’”. Cristo nos llama a una transparencia radical donde no necesitemos jurar ni hacer promesas elaboradas porque nuestra palabra ya tiene peso. Esta coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos construye confianza, fortalece relaciones y da testimonio creíble de nuestra fe.

La transparencia cristiana no significa ingenuidad ni compartir todo con todos, sino vivir sin máscaras, sin pretender ser quienes no somos. Es aceptar nuestras limitaciones con humildad y trabajar sinceramente en nuestro crecimiento, sin aparentar perfección ante los demás. Esta autenticidad atrae más que mil sermones.

En un mundo saturado de filtros digitales y vidas aparentemente perfectas, los cristianos estamos llamados a ser refrescantemente auténticos. Cuando lo de adentro y lo de afuera coinciden, nos convertimos en signos vivos del Evangelio que transforma desde dentro.

Idea de compromiso personal

Esta semana identifica un área específica de tu vida donde existe incoherencia entre lo que crees y cómo actúas: tus conversaciones, tus pensamientos recurrentes, tus pequeñas mentiras sociales o tus compromisos incumplidos. Llévala a la oración y pide al Espíritu Santo que te muestre el camino de transformación.

Oración final

Señor Jesús, gracias por no conformarte con nuestra mediocridad y por llamarnos a una santidad que transforma desde dentro. Te pedimos la gracia de vivir con coherencia, donde nuestras acciones reflejen fielmente lo que habita en nuestro corazón. Que tu Espíritu Santo purifique nuestros pensamientos, sane nuestras emociones y renueve nuestros deseos más profundos. María Santísima, Madre de la Iglesia, ayúdanos a ser auténticos discípulos de tu Hijo, viviendo con transparencia y permitiendo que su amor transforme cada área de nuestra vida. Que los compromisos que hoy asumimos den fruto abundante para la gloria de Dios. Amén.

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